Recordó una frase  de G.K. Chesterton: «Cuando el dramaturgo sube al escenario, el drama ha terminado». Bueno, dejemos que termine. ¿Quién lo quiere? Hiede. Su mente volvió a la posibilidad de que Dios fuera un ser de poder limitado. ¿Por qué no? Semejante respuesta era sencilla y directa. Y, sin embargo, Kinderman no podía evitar resistirse a ella con toda su fuerza. ¿Dios, un patán? ¿Un putz? No era posible. El salto en su mente de Dios a la perfección no tenía transición. Era una identidad sin movimiento. El detective sacudió la cabeza. Creía que el concepto de un Dios que fuera menos que todopoderoso era tan aterrador como la no existencia de Dios. Quizá más todavía. La muerte era un final, por lo menos, sin un Dios. Pero, ¿quién sabía lo que podría hacer un Dios imperfecto ? Si era menos que todopoderoso, ¿por qué no podría ser también menos que todo bueno, como el Dios vano, caprichoso y cruel de Job? Con toda la eternidad a Su disposición, ¿qué nuevas torturas malignas no podría imaginar?

William Peter Blatty, Legión.

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—¿Y cómo es que un psiquiatra se metió a cura? —preguntó.

Él estaba ansioso por saber cuál era el problema urgente del que ella le había hablado por teléfono. «Se ve que tantea el camino —pensó—, pero ¿hacia dónde?» No debía presionarla. Ya vendría… ya vendría.

—Es al revés —la corrigió amablemente—. La Compañía…

—¿Quién?

—La Compañía de Jesús, o sea, los jesuitas.

—¡Ah, ya!

—La Compañía me hizo estudiar psiquiatría y medicina.

—¿Dónde?

—En Harvard, en el Johns Hopkins, en el Bellevue.

De repente se dio cuenta de que quería impresionarla. ¿Por qué?, se preguntó, y en seguida dio con la respuesta en los barrios pobres de su niñez, en los gallineros de teatro en el East-Side. El pequeño Dimmy con una estrella de cine.

William Peter Blatty, El exorcista.

En la adaptación cinematográfica no vemos nada de esto*, y es una lástima, porque se trata de una fuerte motivación del carácter del padre Karras y guarda una estrecha relación con el terrible estado emocional en el que se encuentra cuando se enfrenta al exorcismo de Regan MacNeil. Estoy releyendo El exorcista por enésima vez y sigo convencido de que es una novela de grandes personajes. El detective de homicidios William Kinderman, por ejemplo. Por no mencionar al astuto, astuto demonio.

(Y qué trabajo extraordinario hizo Ellen Burstyn.)

*En realidad vemos una parte sustancial de esto; es sólo que la película no puede adentrarse allí donde penetra el libro. Creo que debo ser más justo, y preciso.

Good Old (William Peter) Blatty!

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Blatty, a la derecha en este fotograma de El exorcista.

Jennifer was stunningly beautiful,” says Blatty. “I had to meet her.” He called her, complained to Louis DiGiaimo, who cast The Exorcist, “Lou, she doesn’t know who I am.” DiGiaimo said, “Bill, who the fuck do you think you are? Frank Sinatra?” Blatty asked him to phone her. She didn’t return his call. Not only she had Fosse, she was being stalked by someone who had threatened to kill the director, and she was seeing Raul Julia, Barry Bosstwick, and several other men as well. When Pippin opened in New York, DiGiaimo phoned again, said, “Bill Blatty wants to meet you. Have breakfast with him.” This time she agreed, and met him at the Palm Court at the Plaza. “He was morose, crying about his mother”, she recalls. He asked her if she would accompany him to a sound studio where he was trying to contact her spirit on the other side. She was never been able to resist serious weirdness, and she agreed to go. Billy had read a book called Breakthrough: Electronic communication with the Dead, by a Latvian psychologist,, and thought he was having some success recording the disembodied voices of the dead on blank tape. Over at F&B Ceco, a production house on the West Side, a technician rolled tape. Blatty called, “Mother. Mother, if you’re there, come.”

Peter Biskind, Moteros tranquilos, toros salvajes: La generación que cambió Hollywood.