dawkins-fool

¿Por qué está la gente tan desesperada, desesperada, DESESPERADA por encontrar algo, cualquier cosa, lo que sea, para culpar a «la religión» a fin de evitar culpar a «una religión»?

Como puede verse, aquí el que no corre vuela.

¡Ou!

The Paris Review: Are religion and science simply two systems that don’t merge?

Marilyn Robinson: The debate seems to be between a naive understanding of religion and a naive understanding of science. When people try to debunk religion, it seems to me they are referring to an eighteenth-century notion of what science is. I’m talking about Richard Dawkins here, who has a status that I can’t quite understand. He acts as if the physical world that is manifest to us describes reality exhaustively. On the other side, many of the people who articulate and form religious expression have not acted in good faith. The us-versus-them mentality is a terrible corruption of the whole culture.

Marilyn Robinson en The Paris Review.

John Henry Newman wrote the greatest spiritual autobiography in English, his Apologia. In it, he recalls that, when young, he lived under the ”detestable doctrine’’ of predestination. He believed he was saved, which made him ignore everyone else and ”rest in the thought of two and two only absolute and luminously self-evident beings, myself and my Creator’’.

The great atheist Richard Dawkins seems, as a boy, to have had a similar cast of mind. Unlike Newman, however, he quickly discarded the idea of God. Which left only one absolute and luminously self-evident being – Richard Dawkins.

Charles Moore, How dare God disagree with Richard Dawkins.

Guardad silencio, Dawkins se dispone a hablar. ¡Silencio, he dicho!

Un tal Peter Boghossian, instructor of philosophy en la Portland State University, escribe en Twitter:

How sad for those people who live their lives in a perpetual state of outrage at Dawkins. Get a hobby.

boghossian-twitter-dawkins

Lo interesante del mensaje es que sólo tiene sentido la primera vez que lo lees. Luego su significado se autodestruye como las cartas adosadas a un dispositivo explosivo en las películas de espionaje. Y resulta triste, cielos, porque el mensaje ha sido escrito por un instructor of philosophy y tú empiezas a preguntarte qué estarán recibiendo los alumnos de Boghossian a cambio de su dinero.

Sin embargo, sería injusto negarle al menos el mérito indirecto de impulsarme a hacerme algunas preguntas relacionadas con este asunto, porque, ¿no sería igualmente triste vivir uno su vida en un estado de euforia constante a causa de la mundana y más bien prosaica sabiduría salida de la boca del reverendo Dawkins? ¿No resultaría lastimoso vivir uno su vida sumido en una furia permanente dirigida hacia el Papa a través de su cuenta en Twitter? ¿O de saltar como un resorte cuando alguien a su lado pronuncia una frase hecha del estilo «gracias a Dios que…», una frase sin ningún sentido religioso, es sólo una forma de hablar, pero el pobre diablo responde con el rostro desencajado «de Dios nada, no hay ningún hombre imaginario invisible subido a un unicornio de color rosa que come espaguetis alienígenas alrededor del planeta Tierra, etc.», y luego suspira satisfecho, como un cacique mejicano tras engullir el tercer plato de frijoles, porque cree haber fulminado la fe de un débil mental mediante la profunda filosofía del unicornio rosa?

A Boghossian se le ve un hombre servil, y reconozco que eso sí me parece triste, porque a fin de cuentas, ¿no es Twitter una red social basada en la interacción de los usuarios? Existe esa cosa llamada «retuitear», y aquella otra de nombre «responder», y una tercera que consiste en marcar un mensaje como favorito, ¿qué sentido tendrían si no fuera porque ofrecen a los usuarios la oportunidad de comunicarse con otras personas a través de Twitter? A Boghossian le disgusta; para tratarse de un profesional de la filosofía, su animadversión al debate resulta sorprendente. Puede que, cuando Dawkins defiende la existencia de ciertas formas «suaves» e inofensivas de pederastia, los demás haríamos bien en guardar silencio y asimilar la repugnante idea con la misma expresión beatífica que se observa en las caras de la feligresía de Dawkins cuando éste publica algún comentario procaz sobre el Obispo de Roma. Claro que, si defiende la existencia de una pederastia suave, tiene todo el sentido que niegue la existencia de un Dios en el cielo. Me parece que ahora todo queda claro.

Dawkins y su ¿defensa? de la pedofilia

Richard Dawkins se ha empantanado, quién lo desempantanará, etc. O más probablemente las torvas élites que sonríen desde sus principescas oficinas de paredes de cristal lo consideren una travesura menor… una travesura por la que tal vez alberguen ciertas simpatías. Primero la sonda, amigos, primero la sonda.

***

Dudo que el nombre de Dawkins produzca en España la misma reacción de perplejo reconocimiento que en el mundo anglosajón, donde se ha establecido como el pontífice máximo de esa bravucona modalidad del ateísmo moderno bautizada como «nuevo ateísmo» y «ateísmo pop». En todo caso no voy a dedicarle mucho tiempo a las presentaciones; baste decir que se trata de un científico muy ilustre en el campo de la biología y que, junto con Christopher Hitchens, fallecido hace un par de años a causa de un cáncer, Sam Harris y Daniel Bennett ha emprendido una entusiasta batalla para erradicar la fe en Dios de la esfera pública y, a ser posible, de la esfera privada también. Dawkins fue uno de los abajofirmantes de la campaña de marketing organizada bajo el lema: «Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta la vida». Al Altísimo le dedica Dawkins estas palabras en su bestseller The God delusion (La ilusión de Dios):

The God of the Old Testament is arguably the most unpleasant character in all fiction: jealous and proud of it; a petty, unjust, unforgiving control-freak; a vindictive, bloodthirsty ethnic cleanser; a misogynistic, homophobic, racist, infanticidal, genocidal, filicidal, pestilential, megalomaniacal, sadomasochistic, capriciously malevolent bully.

Creo que Dawkins se verá en un serio aprieto cuando le cuelguen la etiqueta identificativa en el dedo gordo del pie. La última polémica suscitada por este hombre malvado y más bien perverso, quizá algo enfermo, tiene que ver con sus declaraciones a The Times Magazine (€, extracto gratuito) en las que afirma:

One master at his public school, Oundle, he writes, “was prone to fall in love with the prettier boys. He never, as far as we knew, went any further than to put an arm around them in class and make suggestive remarks, but nowadays that would probably be enough to land him in terrible trouble with the police – and tabloid-inflamed vigilantes.”

Asegura además que sus propias experiencias como víctima de abuso sexual, aunque embarazosas, no le causaron un daño duradero.

In the book, Dawkins mentions one occasion when a teacher put a hand down his trousers at a prep school in Salisbury, and four others at Oundle, when he “had to fend off nocturnal visits to my bed from senior boys much larger and stronger than I was”.

Lo sorprendente es que esta controversia, de efectos limitados gracias a las simpatías cosechadas por Dawkins en determinados círculos —y gracias también al desvanecimiento de la vieja moralidad del escenario público—, se haya desencadenado en este momento en lugar de hace siete años, cuando el conspicuo biólogo evolutivo escribió lo siguiente en The God delusion:

In fairness to the News of the World, at the time of its campaign passions had been aroused by a truly horrifying murder, sexually motivated, of an eight-year-old girl kidnapped in Sussex. Nevertheless, it is clearly unjust to visit upon all pedophiles a vengeance appropriate to the tiny minority who are also murderers. All three of the boarding schools I attended employed teachers whose affection for small boys overstepped the bounds of propriety. That was indeed reprehensible. Nevertheless if, fifty years on, they had been hounded by vigilantes or lawyers as no better than child murderers, I should have felt obliged to come to their defense, even as the victim of one of them (an embarrassing but otherwise harmless experience).

Una vez más trata Dawkins de atenuar la gravedad de los abusos sexuales con las palabras:

Priestly abuse of children is nowadays taken to mean sexual abuse, and I feel obliged, at the outset, to get the whole matter of sexual abuse into proportion and out of the way. Others have noted that we live in a time of hysteria about pedophilia, a mob psychology that calls to mind the Salem witch-hunts of 1692.

Quién lo iba a decir, Dawkins defendiendo a la Iglesia Católica, aunque quizá con los peores argumentos:

The Roman Catholic Church has borne a heavy share of such retrospective opprobrium. For all sorts of reasons I dislike the Roman Catholic Church. But I dislike unfairness even more, and I can’t help wondering whether this one institution has been unfairly demonized over the issue, especially in Ireland and America.

[…] In the particular case of Ireland, even without the sexual abuse, the brutality of the Christian Brothers, responsible for the education of a significant proportion of the male population of the country, is legendary. And the same could be said of the often sadistically cruel nuns who ran many of Ireland’s girls’ schools. The infamous Magdalene Asylums, subject of Peter Mullan’s film The Magdalene Sisters, continued in existence until as late as 1996.

Ahora sabemos, sin embargo, que la historia de las Hermanas Magdalenas no es más que un cuento de viejas confeccionado por y a la medida de los sofisticados anticatólicos de postín tan en boga hoy día; y aunque sería un gesto de enorme altura que Dawkins se retractara, no me sentaré a esperar. El bocado es demasiado goloso para dejarlo escapar, incluso si se trata tan solo de una leyenda urbana.

***

Resulta extraño que para disputar la magnitud del trauma provocado por los abusos sexuales, Dawkins se limite a extrapolar su propia experiencia, que él ha desestimado como un recuerdo lejano e inocuo, a todos los demás casos de niños maltratados; a fin de cuentas Dawkins siempre anda exigiendo un respaldo científico para cualquier cosa que se diga, es justo reclamarle ahora que avale sus declaraciones con algo más que una experiencia aislada. Por si esto no fuera suficiente, Dawkins demuestra un presuntuoso desprecio por aquellos padres que, a diferencia de él, consideran la pedofilia una amenaza real y terrible para sus hijos.

Pero Richard Dawkins no es, a pesar de todo, ningún idiota, y sabe muy bien lo que hace al denunciar capciosamente la arraigada costumbre de juzgar comportamientos considerados normales en el pasado de acuerdo con los parámetros morales vigentes en la actualidad, y sugiere que este principio es aplicable también a los casos de pedofilia que tuvieron lugar hace cincuenta años. Lo interesante, hete aquí el engaño, es que los patrones morales de hoy día en lo concerniente a la pedofilia son los mismos patrones que existían cuando el pequeño Dawkins vestía trajecito escolar; aún más, la sexualidad era contemplada entonces con bastante más severidad de lo que lo es en los albores del siglo XXI, así que no hay ninguna razón ni para disculpar los abusos que ocurrieron entonces, pues quienes los perpetraron conocían perfectamente la inmoralidad de lo que estaban haciendo, ni para atenuar la legítima actitud vengativa con la que el público de hoy juzga los abusos sexuales que siguen teniendo lugar.

***

Recuerdo la reacción del profesor Dawkins el pasado febrero a la renuncia S.S. el Papa Benedicto XVI al trono de San Pedro; fue tan reveladora como una confesión y decía lo siguiente, vía Twitter:

I feel sorry for the Pope and all old Catholic priests. Imagine a wasted life to look back on a no sex.

Je, por cierto que las respuestas de la jauría de Dawkins son casi tan edificantes como el ruin sentido del humor del jefe de la banda; pueden leerse aquí. Sea como sea, está claro que el gran biólogo/pequeño intelectual tiene un problema con el sexo. La evolución me obligó a hacerlo y demás.

Todo este asunto me ha puesto la mosca detrás de la oreja, como el zumbido de algo que no se ha dicho y que ya he sugerido al comienzo de este post: «más probablemente las torvas élites que sonríen desde sus principescas oficinas de paredes de cristal lo consideren una travesura menor… una travesura por la que tal vez alberguen ciertas simpatías». Por supuesto que no hablo específicamente de Dawkins; no es que el profesor haya sugerido que los abusos sexuales «suaves» deban establecerse como materia escolar. No llega a eso. Su estilo es más ladino: se ha limitado a afirmar que existe una referencia sólida para tomarle la medida a la pederastia, un punto por debajo del cual la pedofilia no es, después de todo, más que un pecadillo venial, y por encima del cual el inocente manoseo se transforma en una agresión sexual en toda regla.

En cierto modo tiene sentido. Tratándose de un ateo convencido, cuenta al menos con una ventaja sobrecogedora: puede dirimir cualquier conflicto moral a voluntad, sin más responsabilidad que su propia satisfacción. Quizá, a fin de cuentas, de eso se trate… y eso sea todo. Supongo que cuando escribió «You can be an atheist who is happy, balanced, moral, and intellectually fulfilled», Dawkins sólo estaba siendo irónico.