El gran Ray Bradbury sobre su encuentro con el gran Theodore Sturgeon:

De lo que hablamos aquella tarde en el restaurante económico medio vacío fue, por supuesto, de literatura, de la suya y de la mía, ambas excelentes. Sturgeon pasó entonces a su principal amor, la música, y recomendó a cantantes ahora casi olvidadas como Corinnna Mura e Ymac Sumac, y después apuntó más alto y prometió volarme la cabeza con la Tocata y fuga en do menor sostenido de Bach. Los discos llegaron por correo unos días más tarde.

Qué kitsch. Y qué, esto, indianesco. Qué aires, qué nostalgias, qué melancolías.

(Cita de la introducción de Bradbury a la edición española de La fuente del unicornio de Sturgeon.)

Qué interesante idea…

Actually I prefer to see myself as the Janus, the two-faced god who is half Pollyanna and half Cassandra, warning of the future and perhaps living too much in the past—a combination of both.

El caso es que me resulta muy familiar.

Por cierto que la frase la pronuncia Ray Bradbury durante una entrevista con The Paris Review mientras examina su relación —no muy amable, ya que estamos— con algunos escritores de los llamados «serios», entre ellos Norman Mailer y Kurt Vonnegut.

¿Cuál es, de entre todos, el remedio eficaz?

Pero ya un hombre entre la multitud contemplaba a Camillia con mirada penetrante.

—¡Está enferma! —dijo.

—Ah —dijo el señor Wilkes, alegremente—. Ya empieza. La pluma, hijo. Listo. ¡Adelante, señor!

—No se siente bien… Está decaída… —escribió el señor Wilkes, y de pronto se detuvo—. ¿Señor? —Lo miró con desconfianza—. ¿Es usted médico?

—Sí, señor.

—¡Me pareció haber oído esas palabras! Jamie, toma mi bastón, ¡échalo de aquí! ¡Fuera, señor, fuera!

Remedio para melancólicos, de Ray Bradbury.