Sobre “Le Troisieme Homme” de Caron

The comparison to Acteur was more the feeling I got rather than the actual smell. It is kind of eccentric yet familiar, like something a reclusive French baron or an aged former film star would smell like. Maybe I’m reading to much into this….

Claro, no puede evitarse, uno tiene que oler esto. (Negritas añadidas.)

Vía.

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De acuerdo con la información de Fapex, no recibiré mi pedido hasta el viernes de la próxima semana: faltan nueve días. Me pregunto si podré soportar la espera. Ya que estamos, no sé a qué se debe semejante retraso. He comprado Cinéma, de Yves Saint Laurent, para mi madre; y Ambre Fétiche, de Annick Goutal: esta última para mí. Oh, lo olvidaba: también un botecito pequeño, prácticamente una muestra de 9ml, de 2 Man de Comme des Garçons, también para quien escribe. Es sólo curiosidad.

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Si los perfumes de Histoires de Parfums son la mitad de buenos de lo que anuncian los usuarios de Fragrantica.com, imagino que la pequeña selección de muestras que compré antes de ayer por la noche hará que me dé vueltas la cabeza. Ya veremos. 1740, Patchouli Noir y Ambrarem —en menor medida, Ambre 114— han despertado vivamente mi curiosidad. Hdp vende frascos y muestras a través de histoiresdeparfums.com. Lo interesante es que las perfumerías online raramente ofrecen mejores precios que el fabricante en su sitio oficial, con la excepción quizá de Fapex.es, que ha brindado algunas ofertas puntuales, como por ejemplo Noir Patchouli por 77€ en envase de 60ml. (Acabo de comprobarlo y, de hecho, Fapex proporciona precios más ventajosos para algunas fragancias de Histoires.) Asumo que el pack compuesto por cinco viales a elegir, de dos mililitros cada uno, por un precio de 15€ con gastos de envío gratuitos, me proporcionarán una aproximación modesta pero suficiente.

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Anteayer mencioné mi intención de devolver el frasco de Havana by Aramis que compré el viernes pasado en Amazon; muy celebrada en los principales portales dedicados a la perfumería, resultó poseer un carácter muy distinto de lo que las reseñas que había leído me habían hecho pensar. Lo compré a ciegas por poco más de veintisiete euros. Amazon tiene un sistema de devoluciones generoso y muy eficiente que permite realizar la operación íntegramente a través de internet pagando con tarjeta los gastos de envío, si corresponde, y depositando el paquete en Correos o entregándolo a una agencia de mensajería. Sin embargo, esta vez fui informado de que debía tramitar el envío personalmente con una agencia de mi elección. La expedición certificada mediante Correos me salió por cuatro con sesenta.

Por cierto que acabo de caer en la cuenta de que escribo «devolver» donde debo poner «cambiar», porque en realidad eso fue lo que hice, sustituir el frasco de Havana por uno de CK One Shock de Calvin Klein, sobre el que también tenía referencias muy favorables.

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Mi primera impresión fue de disgusto, frustración y desdicha. Uno siempre asume este riesgo al comprar un perfume a ciegas, pero, en mi caso, no hay muchas opciones. Ahora son casi las doce de la noche y con los ánimos apaciguados, empiezo a imaginar situaciones en las que resultaría apropiado rociarme con este jugo radioactivo.

En la primera fotografía CK One Shock aparece en compañía de Potion de Dsquared2 a guisa comparativa. También compré Potion a ciegas, pero esta vez sí, a él lo considero un magnífico descubrimiento, incluso si la proyección y la longevidad son bastante más modestas de lo que desearía. Lo cual resulta sorprendente si consideramos que se trata de un eau de parfum. En todo caso, fue una sorpresa maravillosa. Pagué algo menos de diecisiete euros por 30ml en Amazon.

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Jueves 14, 13:29: Qué extraño, puede que One Shock esté empezando a calar. ¿Extraño, digo? La realidad es que raramente los perfumes me causan una buena primera impresión. Me pregunto por qué me apresuro a juzgarlos tan duramente.

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¡Ops! Creo que Fontana ha cometido un terrible error…

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No hay necesidad de exagerar. Es sólo que compré Havana de Aramis con la expectativa de un perfume masculino, vintage, vagamente sensual y dotado de un fuerte carácter sin saber muy bien qué significaba todo esto y eso fue justo lo que recibí, con la excepción quizá del nebuloso atributo al que llamo «vagamente sensual» (tal vez porque temo que una sensualidad más ostensible provocaría una muesca en mi alma y una tensión irreconciliable entre mi aroma, con su decadente promesa, y las posibilidades reales cumplirla). Compré el perfume a ciegas, en Amazon, después de leer decenas de reseñas favorables rayanas en el entusiasmo semihistérico que uno puede identificar en Basenotes.net y Fragantica.com porque va envuelto en signos de exclamación. En fin, realicé el pedido el viernes, lo he recibido hoy lunes a las cuatro y media de la tarde y me propongo devolverlo mañana por la mañana. Me pregunto si Amazon me lo devolverá a mí a su vez cuando descubran, yo no he dicho otra cosa, que la caja no tiene papel de celofán. Por cierto que el olor de Havana rezumaba del paquete cerrado como una socarrona amenaza proyectada hacia el futuro desde la década de los ochenta, que es donde reside el espíritu de este perfume vestido con camisa desabrochada hasta el ombligo. Pensé que Havana pronunciaría a mi favor un mensaje dulce en la base con los flancos revestidos de tabaco, pero no, no lo hace. Su mensaje es distinto, autónomo y franco, más grande que mi soñolienta vida de pueblo pequeño y desde luego más grande que yo. También imaginé que sería una magnífica fragancia con la que tenderme a leer, pertrechado con un cóctel de fantasía, las novelas de Graham Greene, por eso de los tórridos enclaves coloniales en los que a menudo Greene situaba su obra, Nuestro hombre en La Habana y demás. No estoy seguro de haber logrado un éxito tampoco en eso.

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El perfume Cuba Gold es, digámoslo así, un homenaje a Le Male de Jean Paul Gaultier en la medida en que la palabra «homenaje» escrita en cursivas despierta sospechas de copia y clonación. De eso se trata, en cualquier caso. Al original lo conocí hace poco menos de quince años, cuando solía utilizarlo uno de mis compañeros de piso durante mi época de estudiante universitario. Había sido regalo de su novia; me parece recordar destellos de orgullo en su voz cuando me informó de este detalle. Mi nariz era lo bastante inexperta —una excusa llena de inseguridad y vergüenza— para dejarse embaucar por un perfume cuyo frasco dice todo lo que hay que saber sobre su contenido.

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Esta mañana he recibido un paquete procedente de la República Checa con Cuba Gold y Cuba Prestige, ninguno de las cuales existiría, hasta donde puedo saberlo, de no ser porque ciertos lugares en la industria del perfume fueron ocupados previamente por dos emblemas de la perfumería post-masculina: Prestige es a A*Men de Thierry Mugler lo que Gold es a Le Male de JPG. Superada la explosión primordial de frutas fermentadas y flores podridas, por utilizar una hipérbole muy del gusto del mercadeo de las fragancias, Gold es todo lo que recuerdo de Le Male, dulzura, pesadez y una obstinación que se volvería insolente de no resultar tan lánguida. Prestige, por el contrario, no es más que la postrera golosina que le ofrecen a uno cuando se encuentra a punto de vomitar por indigestión. Desearía saber en qué estaba pensando: la respuesta a esa pregunta no resolvería tanto un misterio menor como me ayudaría a evitar cometer en un futuro este mismo error.

Todo lo cual, dicho sea como advertencia de mis contradicciones, no significa que no me proponga utilizar alguno de estos perfumes de vez en cuando, aunque sólo sea para amortizar el gasto, que en conjunto, y esto incluye cuatro euros en concepto de gastos de envío, sumó algo así como veinte con cincuenta.

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Bienvenido, señor Black.

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Mister Black ha llegado a la hora del almuerzo. Empezaba a temer que se hubiera hecho tarde para que el chico de Correos viniese a casa a entregarme el paquete, pero mirad la foto. He estrenado el frasco —y conocido finalmente una fragancia sobre la que tenía grandes referencias— mientras me encuentro convaleciente de un horrible resfriado que el viernes por la noche me dejó postrado bajo el peso de este conocido dúo cómico compuesto por dispersos dolores musculares y burbujas de mercurio que se mueven y oprimen los lados de mi cabeza. El mismo día por la mañana me felicitaba de haber cruzado a nado sin acatarrarme un invierno inusualmente apacible.

Dadas las circunstancias, era de esperar que mi estreno de Or Black careciera de toda sutileza. Con las narinas ocluidas, tan sólo el alcohol y las notas más agrestes del perfume, que no son pocas ni poco agrestes, se han abierto camino hasta los estratos inferiores de lo que supongo mi cerebro reptiliano. (No digo que posea estratos superiores de cerebro reptiliano, ni de ningún otro tipo.) Mi ilusión consiste en encontrarme mañana un poco mejor. Por cierto que he grabado un unboxing con la cámara de fotos, una Olympus E-M5 de 2013, que compré en Amazon hace un par de semanas aprovechando una oferta muy ventajosa. Quinientos euros, objetivo y flash de medio pelo incluidos. Sin embargo, que me proponga publicar el vídeo es cosa que no sé. La grabación ha sido menos radiante de lo que había esperado.

Anoche ya tarde pasaron Zodiac por TCM. La vi por segunda vez desde la semana pasada. Luego sentí vergüenza cuando consulté la página de la película en IMDB y observé que le había puesto un miserable cinco no sabría decir cuándo. Recuerdo que aquella primera vez aborrecí la impudicia de las escenas más escabrosas de la película; y, aunque todavía me hacen sentir incómodo y no estoy convencido de que el drama exija los sanguíneos primeros planos de los asesinatos, imagino que he aprendido a transigir. Con la edad me estoy convirtiendo en todo un contemporizador, ¿no os parece? Si dispongo del tiempo suficiente, quizá termine venciendo la correosa veta de puritanismo que envuelve mis entrañas. ¿Seré entonces un hombre mejor? Ah, qué pregunta.

Lo dejo aquí, esta noche pasan La semilla del Diablo. (Nunca sé si debo escribir «diablo» con mayúsculas; temo que el Señor de las Profundidades, Portador de la Luz, Hijo de la Mañana, Príncipe de las Potencias del Aire, el gallardo de todos los hermosos títulos, de acuerdo con Kenneth Toomey, interprete las minúsculas como una ofensa personal.)

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