Conque How to tell if Pope Francis is losing confidence in his finance czar. Ya veo.

Debí prestar más atención al titular del artículo antes de empezar a leerlo; me deslicé párrafo tras párrafo en busca de la evidencia, vaya uno a saber si tan sólo de los sutiles indicios suministrados por la psicología bergogliana que apuntaban las intenciones papales con respecto al Cardenal Pell. Sabemos que Pell es la inteligencia austral detrás de la carta sellada por los trece purpurados que ha despertado la ira del chusco catolicismo liberal próximo a la Misericordia™, tan cautivadora, tan engañosa. Sin embargo, soy el único responsable de no haber descifrado el verdadero contenido del título, que aludía simplemente a una cuestión de método. Lo menciono porque el documento proporciona dos posibilidades tan sucintas que después de leerlo uno se queda mirando perplejo la pantalla del ordenador: o bien despide Mr. B. a Pell, o bien no lo despide. Desde luego lo interesante es la pregunta que queda flotando sobre sus líneas, aunque dudo mucho que al autor del texto, el vaticanista liberal John L. Allen, Jr., se le pasara por la mente siquiera esta remota posibilidad: ¿puede el Papa de la Misericordia no ser más que la fachada del inveterado cliché del jerarca paranoico y rencoroso? Nadie en su sano juicio podría sospechar semejante cosa. La insinuación es injuriosa, imposible, vil. ¿Por qué, pues, exponerla para su consideración?

En los primeros años de los ‘90, Kasper, en esa época obispo de Rottenburg, junto a Karl Lehmann, obispo de Maguncia, y Oskar Saier, obispo de Friburgo, desafió la prohibición de Roma de dar la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, formulado por última vez en la exhortación “Familiaris consortio” de Juan Pablo II, promulgada en 1981. El fuego cruzado verbal con Ratzinger finalizó en 1994, con una carta a todos los obispos del mundo enviada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la cual éste último era prefecto, carta que confirmaba la prohibición. Y durante un par de décadas Kasper hizo silencio sobre el tema. Pero desde el momento que Jorge Mario Bergoglio es Papa, el ultraoctogenario cardenal ha vuelto al primer plano para volver a proponer sus tesis, esta vez con el apoyo inicial del nuevo sucesor de Pedro, quien en febrero del 2014 le encargó precisamente a él que bajara línea a los cardenales reunidos en consistorio, en vistas del doble sínodo sobre la familia. Y a causa de una cita inapropiada de Ratzinger hecha por Kasper en su exposición, la confrontación entre los dos tuvo el año pasado esta inesperada continuación:

Pero las reacciones de cardenales y obispos contra las tesis de Kasper fueron tales y tantas que sorprendieron también al papa Francisco, quien efectivamente desde un cierto punto en adelante pareció que se distanciaba un poco de él.

Astuto como una serpiente e inocente como una paloma. Desde luego lo primero.

Vía Iglesia sinodal. Pero el que decide todo será el Papa.

Ratzinger el Alemán, Bergoglio el Argentino

Me he avergonzado del título tan pronto como lo he escrito, y sin embargo algo hay de verdad en él. (Por otro lado, si abrigo un fuerte prejuicio contra los juegos de palabras se debe a que Stephen King los considera una de las formas más primitivas de humor, y a estas alturas no puedo utilizarlos sin sentir que cae sobre mi nuca la socarrona mirada del autor de Cementerio de animales.) La cuestión es que me vino a la cabeza mientras leía una columna de Sandro Magister relacionada con los atributos del Papa Francisco que pueden inferirse de las confesiones del padre Lombardi, portavoz de la Santa Sede y previsiblemente uno de los hombres más desdichados del planeta: sonido de platillos, zas, otra broma, pero también algo de verdad hay que buscar en ella. El siguiente párrafo fue pronunciado por Lombardi durante un encuentro con Federico Wals, secretario de prensa de Bergoglio durante sus tiempos bonaerenses:

“Era increíble. Benedicto era tan claro… Decía: ‘Hemos hablado de estas cosas, estoy de acuerdo en estos puntos, tendría objeciones contra estos otros, el objetivo de nuestro próximo encuentro será éste’. Dos minutos y tenía totalmente claro el contenido del coloquio. Con Francisco [oigo que me dice]: ‘Éste [con el que me he reunido] es un hombre sabio; ha tenido estas experiencias interesantes’. La diplomacia para Francisco no es una estrategia, pero en cambio: ‘He hablado con esta persona, ahora tenemos una relación personal, busquemos hacer el bien para la gente y para la Iglesia’”.

A propósito, e intuyo que guarda una estrecha relación con las palabras de Lombardi: en su columna para La Repubblica, Magister describe a uno de los miembros del círculo de influencias más próximo al Papa. Dice así:

Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires y su intelectual de referencia, a pesar de unas credenciales nada brillantes.

Vía.

Escribe el vaticanista Sandro Magister:

Francisco fustiga a la curia. Pero, ¡cuánta distancia entre las palabras y los hechos!

Se acerca la cumbre sobre la reforma del gobierno central de la Iglesia. Mientras tanto el Papa procede hacia adelante por su cuenta. En algunos casos, expulsando a los buenos y premiando a los malos

[El Papa Francisco] procede como un general de los jesuitas, decidiendo personalmente lo que es más importante para él, a pesar de la proclamada colegialidad de su gobierno.

En su felicitación por la Navidad a los jefes de la curia les echó en cara el diagnóstico catastrófico de sus “enfermedades”, enumerando quince de ellas, una peor que la otra. Pero si después se ven los pocos casos de destitución y promoción que el Papa ha hecho hasta ahora, uno se queda asombrado.

El más ilustre de los destituidos es el cardenal Raymond L. Burke, gran canonista, al que los adversarios reconocen competencia y rectitud moral.

Mientras que el más increíble de los promocionados es monseñor Battista Ricca, llamado a Roma hace años por el servicio diplomático después de haber sido motivo de escándalo en tres nunciaturas distintas, la última la de Montevideo donde se había llevado a su amante, pero que milagrosamente volvió a hacer carrera al ser nombrado director de dos residencias romanas, la de via della Scrofa y la de Santa Marta y, sobre todo, por su amistad con muchos de los cardenales y obispos de todo el mundo que en ellas se hospedaban, incluido el que hoy es Papa y lo ha nombrado prelado del IOR, es decir, su hombre de confianza en el banco vaticano.

Vía.

«Polls Confirm that Pope Francis Is Really, Really Popular»

Informa Relevant Magazine. Pero la última vez que pensé en ello no se trataba de un concurso de popularidad, y sospecho que hoy sigue siendo igual de cierto que la misión del Papa no consiste en suscitar la simpatía de las masas dirigiéndole los mensajes tibios y bienintencionados que la sociedad moderna está habituada a escuchar, sino, por el contrario, en sacarla del estupor azucarado, como de digestión pesada, en que lo que una vez fue el Occidente cristiano se ha sumido durante las últimas décadas.

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La realidad es que no hay mucho de simpatía ni de complacencia en el mensaje del Evangelio, por lo menos si lo comparamos con las convicciones dominantes del mundo moderno. (Las «convicciones dominantes» de la élite, se entiende, no las del común de los mortales, porque si confrontásemos las inclinaciones morales del «pueblo llano» con la de los creadores de opinión nos llevaríamos una explosiva sorpresa.) No digo que haya nada de malo en la popularidad del Papa; lo que digo es que hay algo terrible en las causas de la popularidad del Papa. El mensaje de Jesucristo —el original, el que está escrito en papel, no las aguadas interpretaciones que los ateos que nunca han leído la Biblia publican en Twitter de acuerdo con su educación de Barrio Sésamo— no tuvo nada de complaciente.duck-dynasty-phil-robertson2 Y si ese penoso episodio de Duck Dynasty que ha ocurrido en Estados Unidos, protagonizado por un patriarca familiar famoso en televisión que ha condenado la homosexualidad y, de hecho, todos los pecados de naturaleza sexual, de acuerdo con los preceptos de la Biblia, y a continuación ese patriarca ha sido escupido de su propio programa de televisión después de que una asociación de derechos de los homosexuales —de los homosexuales miembros, no de los homosexuales en general, que seguramente son mayoritariamente cristianos— se haya quejado y exigido una reparación, como si dijéramos… en fin, lo más grotesco de todo ocurrió cuando el portavoz de la asociación se apresuró a adueñarse de la sana doctrina cristiana al afirmar que «Phil and his family claim to be Christian, but Phil’s lies about an entire community fly in the face of what true Christians believe», realmente Phil refleja bastante mejor el cristianismo que el tal Wilson Cruz, bueno, todo esto es ridículo, ha ocurrido nada menos que en Estados Unidos, demonios, y la lección nos enseña que todo ha cambiado, cambiado del todo, y no ha nacido una terrible belleza.

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