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¿Repugnancia? ¿Dónde estás, repugancia? Vía.

Santiago González aborda agudamente la cabalgata pagana de Manuela Carmena en Día de Reyes, y termina con este paisaje de nubes oscuras que se ciernen en el cielo:

Soporté una cola enorme para comprar un roscón de Reyes en La Suiza, había cola en mi librería habitual, colas en las marisquerías y en las tiendas de delicatessen. Bilbao era una yuxtaposición de colas la víspera de Reyes. Admiré el desaforado afán de consumo de un pueblo que vota tanto a Podemos en el mismísimo umbral de la pobreza. Luego reparé en que ese era precisamente el signo de que había comenzado la Revolución. En todo proceso revolucionario, lo que más le gusta al pueblo es hacer colas aunque dentro de las tiendas no haya género. “Sólo el que ha vivido antes de la Revolución sabe lo que es la alegría de vivir”, lo dijo Talleyrand.

Tan valiosos como la columna de González, algunos comentarios de sus lectores; por ejemplo, aquí y especialmente aquí.

Como iba diciendo, Occidente observa apreciativamente

As historian Tom Holland tweeted yesterday: “Nobody in Europe should be watching the persecution of an entire religious community [la cristiana] with equanimity. We’ve been there…”. But out of his impressive 22,000 followers, this tweet received just 45 ‘Retweets’ and 21 ‘Favourites’. The media are warped in their apprehension, and most of us are indifferent. Jon Snow is simply another left-leaning secularist preaching his gospel of enlightened relativity to fill the airwaves with anti-Israel and anti-Christian propaganda.

Escribe el Arzobispo Cranmer.

Creo que a Pat Buchanan (el Gran Pat, o SuperPat, hablando de superhéroes) le encantaría oír esto:

Last week was a trifecta for Cultural Marxism in the comic-book world. Archie Andrews was shot to death trying to protect a gay senator, Captain America became black, and the Mighty Thor had a sex change.

Por otro lado, también hay cosas dulces en esta vida. Como el helado de dulce de leche, por ejemplo, que uno deglute golosamente para tratar de paliar, sin mucho éxito, realmente, los efectos morales que toda esta porquería* tiene sobre mi tierno, tierno ánimo. Por cierto, vía.

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*So very Weimar Republic, la llama alguien en Taki’s.

Todo queda en casa…

prensa

La cita de Chomsky encierra una gran ironía, aunque sospecho que al autor le pasa desapercibida, como le ocurre con frecuencia a los grandes ojos que sólo se abren al exterior. Orwell, en quien he pensado por un momento al ver la imagen en Twitter —la reproduce Glenn Greenwald—, también poseía las herramientas… pero no sabía qué hacer con ellas. Estos días me he divertido mucho al leer sobre el pequeño conflicto interior —mezquino, básicamente irrelevante— que han vivido en los pasillos de El Mundo su director, García-Abadillo, la autora de una crónica sobre Su Majestad el Rey, aquí-su-nombre, y la hija de Pedro J. Ramírez (María Ramírez). Me ha divertido por el tono general de beatitud y gravedad que, según imagino, sólo existe en la imaginación de los periodistas. Y en ningún otro lugar.

Acción afirmativa. ¡No!

The backlash has already arrived. In Michigan, California, and Washington, majorities have voted to abolish all racial, ethnic, and gender preferences. […] Opposition to race, ethnic, and gender preferences was behind the thirty-one GOP Senate votes against Supreme Court nominee Sonia Sotomayor. ON the only two previous court nominations by Democratic presidents in forty years, the Senate voted 87-9 for Stephen Breyer and 96-3 for Ruth Bader Ginsburg. To conservatives, the Sotomayor nomination was an Obama declaration that affirmative action is forever.

Judge Sotomayor was herself a lifetime beneficiary, who once called herself an “affirmative action baby.” If she gone through the “traditional numbers route” of Princeton and Yale Law, she said, “it would have been highly questionable if I would have been accepted… [M]y test scores were not comparable to that of my classmates.”

Sonia Sotomayor, said the New York Times, “has championed the importance of considering race and ethnicity in admission, hiring and even judicial selection at almost every stage of her career.” As a student at Princeton, she files a completing with the Department of Health, Education, and Welfare demanding that the school be ordered to hire Hispanic teachers. At Yale, she co-chaired a coalition that demanded more Latino professors and administrators and “shared the alarm of others in the group when the Supreme Court prohibited the use of quotas in university admissions in the 1978 decision Regents of the University of California v. Bakke.” Alan Bakke was an applicant to the University of California Medical School at Davis who was rejected, although his test scores were higher than almost all the minority applicants admitted. Bakke was white.

[…] In a 2001 speech, Sotomayor rejected the notion advanced by Justices Ruth Bader Ginsburg and Sandra Day O’Connor that, in deciding cases, a wise old man and wise old woman would reach the same conclusion: “I would hope that a wise Latina woman with the richness of the experiences would more often than not reach a better conclusion than a white male who hasn’t lived that life.”

Tiene gracia que leyera el extracto anterior en Suicide of a Superpower de Pat Buchanan hace cosa de una hora y que cincuenta minutos después me conectara a Internet para descubrir, muy casualmente, pues no suelo visitar Hot Air, la siguiente noticia:

In a stunning 6-2 decision, Justice Steven Breyer joined the conservative jurists in ruling that while the Constitution allows states to use affirmative action for admissions, it does not require states to do so.

[…] The big news here is the split, with Ginsburg and Sotomayor dissenting.

[…] Sotomayor read her dissent aloud in the court, usually a sign of significant displeasure with the result. At 58 pages, her dissent went longer than the opinion and the concurrences combined.

Supreme Court upholds MI ban on affirmative action in college admissions.

Investigación condicional: siempre que, etc.

En este sentido, el propio [Edward O.] Wilson se ha sumergido en aguas profundas, o quizá sería más apropiado decir en aguas frías. En su vida personal, Wilson es un liberal convencional, un hombre políticamente correcto (al fin y al cabo, es un miembro del cuerpo docente de Harvard) preocupado por problemas medioambientales y temas por el estilo. Sin embargo, ha dicho que «forzar roles similares» para hombres y mujeres «se opone a la milenaria tendencia de los mamíferos a la división del trabajo por sexos. El hecho de que esta división de tareas haya persistido desde las sociedades de cazadores-recolectores y durante la agrícola y la industrial, sugiere que tiene un origen genético. Ignoramos en qué momento de la evolución humana apreció esta tendencia ni cuán resistente es a las continuas y justificadas presiones en favor de los derechos humanos».

Al decir «resistente» habló Darwin II, el neurocientífico. «Justificadas» es, en cambio, un término más propio del liberal de Harvard. Sin embargo, Wilson no fue lo bastante liberal ni políticamente correcto. Como ya hemos visto, un grupo de manifestantes invadió una sala de actos donde él debía pronunciar una conferencia, le arrojaron un vaso de agua con hielo a la cara y empezaron a cantar: «¡Te equivocas! ¡Te equivocas!» Durante una entrevista con John Stossel, de la cadena de televisión ABC, Gloria Steinem, la feminista de más célebre de Estados Unidos, se mostró partidaria de interrumpir de inmediato los estudios sobre las diferencias genéticas entre hombres y mujeres.

Tom Wolfe, Lo lamento, pero su alma ha muerto, en El periodismo canalla y otros artículos.

Me viene a la cabeza una columna de Ross Douthat publicada hace unos días en el New York Times, Diversity and Dishonesty, que comienza así:

Earlier this year, a column by a Harvard undergraduate named Sandra Y. L. Korn briefly achieved escape velocity from the Ivy League bubble, thanks to its daring view of how universities should approach academic freedom.

Korn proposed that such freedom was dated and destructive, and that a doctrine of “academic justice” should prevail instead. No more, she wrote, should Harvard permit its faculty to engage in “research promoting or justifying oppression” or produce work tainted by “racism, sexism, and heterosexism.” Instead, academic culture should conform to left-wing ideas of the good, beautiful and true, and decline as a matter of principle “to put up with research that counters our goals.”

Puedo escuchar el clic.

Sobre las leyes basadas en la moralidad…

En resumidas cuentas, el Viejo Orden ha muerto, ¡viva el Nuevo Orden! Aunque si uno mira en torno suyo todavía puede contemplar los vestigios del antiguo régimen moral amontonados en los cascos históricos de las ciudades y en ciertos códigos éticos que se aferran a nosotros con la obstinación de demonios hambrientos. Si han de resistir todavía durante algún tiempo las embestidas de nuestra modernidad o si por el contrario se evaporarán dejando nubes de polvo primordial en los huecos de la civilización que una vez ocuparon orgullosamente, es difícil de decir.

A veces soy un poco críptico, lo sé, así que permitidme hacer propósito de enmienda y aclarar que acabo de leer una columna de Albert Mohler relacionada con la legalización de la poligamia en el Estado de Utah el pasado diciembre. Mohler, un teólogo baptista sureño muy brillante, responde escuetamente en su columna a un artículo publicado en el Washington Post por Jonathan Turley, abogado defensor en el proceso judicial que condujo a la legalización de la poligamia. En su respuesta, Mohler recoge una frase particularmente desdichada de Turley que dice: «Our morality laws are falling, and we are a better nation for it». Turley sostiene que la tendencia a derogar las leyes basadas en la moralidad no implica en sí misma un rechazo a la moralidad, sino que responde a una nueva línea de pensamiento, acogida con creciente entusiasmo por el pueblo americano, de acuerdo con la cual el Estado carece de autoridad para imponer a la sociedad códigos morales específicos.

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Todas las técnicas y alguna más.

nietzsche

La canela fina de Luis María Ansón:

Al comienzo de la Transición, las mesnadas de la izquierdona del caviar y el domperignon, acaudilladas entonces por el inolvidado Javier Pradera*, se regocijaban escribiendo que la superstición navideña no duraría ni dos años. Para ellos era una cuestión de hecho la paganización de la Navidad. Consiguieron, en un alarde de sectarismo, que en las iluminaciones callejeras no se hiciera la menor alusión a lo que se conmemoraba. Dieron también por desterrados los belenes, no solo en las instituciones públicas sino también en los hogares. Más tarde, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Lenin, Delia Piccirilli preparó unas cabalgatas de Reyes en las que la historia del nacimiento del niño Jesús se equiparaba con cuentos de ficción para que los niños, al crecer, dieran la misma consideración al relato evangélico que a las aventuras de Blancanieves o de Antoñita la Fantástica.

Estos tipos siempre pronosticando la muerte de Dios, y Dios siempre estallándoles en la cara. No les basta con equivocarse siglo tras siglo; en las tinieblas de la intelectualidad ilustrada, la historia se reescribe en todas direcciones, mágicamente, esotéricamente. Qué cosas.

A propósito, no mentí cuando dije que nunca visito elmundo.es —y desde luego no compro la edición en papel de El Mundo ni, ya que estamos, de ningún otro periódico—. Si tuve conocimiento de la columna de Ansón se debe a que la mencionaban en un artículo de Periodista Digital, otro medio que raramente frecuento; demasiadas tetas, demasiada vulgaridad y demasiadas cuitas personales de su director, Alfonso Rojo. Aunque en lo referente a las intrahistorias de los medios de comunicación soy tan morboso como el que más, las enemistades de Rojo siempre disparan en la misma dirección, y esa dirección me aburre. Lo interesante de Periodista Digital, aparte de su predilección por hedores de las contiendas públicas, es la actitud de aparente equidistancia que parecen adoptar siempre. Es una equidistancia falsa, desde luego, la ecuanimidad del moderador cuyo sueldo depende de la abundancia de sangre derramada.

En cierto momento, el innominado autor del artículo en PD escribe:

Apenas una mención, gratuita y quizás innecesaria, eso sí, al padre de Máximo Pradera, Javier, quien fuera miembro fundador del diario ‘El País’, y que desapareciera tristemente el pasado 2011. [Negritas añadidas —sf.)

Lo cual resulta sorprendente, considerando que, si nos fiamos de lo que nos dice Ansón, Pradera ejerció nada menos que la capitanía de las huestes progres durante la Transición. Omitir el nombre de Pradera en una columna sobre la intelectualidad posfranquista tendría tan poco sentido como pasar por alto el de Joseph Goebbels en una conversación sobre el aparato de propaganda nazi.

Pero, ay, todos somos humanos, incluso los menos humanos de entre nosotros, y comprendo que a Máximo Pradera, cuyas groserías en Lo más plus solían animar las rijosas sobremesas de mi adolescencia, le disguste que el nombre de su padre figure en escenarios tan sucios como los que describe Ansón. Sin embargo, no hay una manera aséptica de sumarse al carro de la historia; si te conviertes en protagonista, bueno, tu nombre pasa a formar parte del discurso público. El caso es que Pradera hijo respondió en Twitter a la columna de Ansón de la siguiente forma:

Incluso después de muerto, Luis María Ansón sigue obsesionado con Javier Pradera. Está aún más enfermo que Tertsch.

Por cierto que Ansón no ha muerto. Her­mann Tertsch, que en esto es insuperable, replicó:

El nene del pobre Pradera sigue hundiendo su apellido en el lodo. Ahora nos llama enfermos a Anson y a mi. El que sólo vive del papá muerto.

En rigor la conversación terminó aquí, Tertsch vencedor, Pradera hijo trasquilado —las payasadas adolescentes han perdido su gracia— y Ansón a lo suyo. En cuanto a Pradera padre, sobre él escribió el gran Carlos Semprún Maura:

En la lista de escritores españoles invitados, preparada por la ministra, que iban a París a presentar e intentar vender sus libros, figuraba Javier Pradera que no ha publicado un solo libro en toda su vida. Eso armó cierto revuelo y comentarios irónicos sobre la incultura de la Ministra de la Cultura. Claro que Pradera hubiera podido reunir y publicar tres o cuatro tomos con artículos suyos, lo cual hubiera sido sociológicamente divertido, porque hubiéramos podido seguir sus vaivenes políticos y constatar que lo único que no ha cambiado es su estilo, siempre "informe al comité Central". Que yo sepa, porque tampoco he leído todos sus artículos, la única vez que fue sincero, en su larga carrera de periodista político y de eminencia gris de pedrosos, fue cuando, reunido con un puñado de ex combatientes comunistas, ante un magnetófono, recordando sus heroicos combates contra el franquismo, Pradera declaró: "Nosotros, los comunistas entonces, decíamos luchar por la democracia, pero era falso, luchábamos por el socialismo, un socialismo de corte soviético, o sea una dictadura (no se atrevió a decir totalitarismo). Puede que fuera un descuido, metido en una amistosa conversión, no se dio cuenta que esas frases serían reproducidas en "El País". Desde luego, él y sus amigos, fingieron olvidarse de que habían sido pronunciadas.

Como decía, no hay una manera aséptica de pasar a la historia. Mejor calla, hombre, que después se sabe todo.

Con qué propósito

Informa ABC de que:

Las palabras padre y madre han dejado de existir en los libros electrónicos de los colegios en Lituania. Se han sustituido por «progenitor I» o «progenitor II». La iniciativa parte del Ayuntamiento de la capital, Vilna.

[…] La idea surgió por primera vez en 2010, cuando la Unión Europea recomendó a los estados miembros de la UE excluir las palabras «madre» y «padre» de los documentos oficiales para evitar sexismo.

pulpoSe ve que en el fondo no es más que una profunda ironía: el amor a la naturaleza expresado mediante la negación de la naturaleza. Durante mucho tiempo se consideró que la educación ofrecida por padres de distinto género no era mala cosa para el desarrollo psicológico del bebé. Pero eso fue sólo una anomalía milenaria, y la anomalía ha sido corregida. Se siente uno más tranquilo al saber que, sobre nuestros hombros, observa inquisitivamente la nueva casta dominante de los ingenieros sociales. No hay problema que la manipulación del lenguaje se muestre incapaz de resolver: de hecho, ni siquiera hay problema si el nuevo lenguaje aséptico ha sido despojado de las palabras necesarias para describirlo. Amén y el siguiente, gracias.

Eso fue lo uno. Lo otro: la Unión Europea, con su virginal corona de estrellas, es, en realidad, un pulpo de grandes y penetrantes tentáculos-electrodos; nos escandalizamos por las intrigas de la NSA, que todo lo ve, todo lo oye, todo lo registra, cuando sobre nuestras cabezas pende un ojo de cristal sensible hasta a las más profundas fluctuaciones de nuestras almas. Uniforme, y marchad.