Bien, ha llegado la hora de meterle mano.

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Post scríptum: Me venció el sueño anoche a diez páginas de concluir No apto para mujeres, publicada originalmente en 1972 por P.D. James. Le había hincado el diente con ganas —por devoción a la autora, por afecto a la protagonista, Cordelia Gray—, y sin embargo, qué decepción, qué decepción tan miserable.

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El pasado sábado me sentí un poco decepcionado cuando descubrí que William Treadgold, autor de Breve historia de Bizancio, dedicaba a la caída del Imperio no más de dos párrafos mal contados. Me refiero al momento fatal, por supuesto, no al largo y tristísimo período de decadencia constantinopolitana, que Treadgold desarrolla con toda la amplitud que un relato que se pretende sintético permite. Por desquitarme, ese mismo día compré en Amazon La caída de Constantinopla de Runciman, considerada, me parece, la crónica definitiva del colapso, frente a las tropas del inicuo Mehmet II, de aquel imperio formidable al que algún impío ha despachado como «un largo repertorio de declamaciones y milagros, una desgracia para la mente humana».

Fiebre del sábado noche, ¿no salta a la vista? Siempre con un pie en la pista de baile.

He pagado cinco con cincuenta por el ejemplar de segunda mano que aparece en la fotografía. Por alguna razón No apto para mujeres, al igual que Hijos de hombres, ambas de la inolvidable P.D. James, ha permanecido suspendida durante varios años en el limbo editorial de los libros descatalogados. No apto para mujeres fue la presentación en sociedad de la inopinada detective privado Cordelia Gray, que haría una segunda aparición estelar —muy muy impresionante, si mi juicio significa algo— en La calavera bajo la piel, una de mis novelas de misterio favoritas.

Ha muerto Ricardo de la Cierva. Luis Alemany le dedica la síntesis de un obituario en elmundo.es. Hay un poco de humor, aunque esta cualidad se deba únicamente a las citas al propio de la Cierva:

Algunos de sus títulos son casi graciosos por tajantes: Nueva y definitiva historia de la Guerra CivilHendaya: punto final La derecha sin remedio… Otros títulos hablan de una tendencia a colocarse en el límite entre la Historia y el reportaje: Alumna de la libertad: adolescencia y perversidad de Isabel II: los cuatro primeros amantes El diario secreto de Juan Pablo I… Y otros hablan de las obsesiones personales de Ricardo de la Cierva: La Hoz y la Cruz. Auge y caída del marxismo y la teología de la liberaciónCarrillo miente: 156 documentos contra 103 falsedadesLa masonería invisible

Aunque me ha sorprendido esto otro; explica mucho:

Eso de Carillo miente dirige hacia la vida de De la Cierva. Su padre, Ricardo de la Cierva y Codorniú, miembro de Falange y antiguo diputado en Cortes durante ladictablanda, había muerto en Paracuellos en 1936. Su hijo tenía sólo 10 años cuando empezó la Guerra y murió asesinado el padre, pero tomó nota de cuál debía ser su destino: la res pública.

Y un lector (#3) apunta:

O mala idea o ignorancia. Era un portento en ciencias, letras puras y humanidades. Capaz de leer a Homero en griego y más. Y sí, también un hombre bueno.

En El Mundo titulan la noticia: Muere Ricardo de la Cierva, el historiador más destacado del post franquismo, mientras que la gente de El País ha optado por la autodescripción: Muere el historiador franquista Ricardo de la Cierva. Termina el obituario del diario chafardero (entenderéis la alusión):

De la Cierva público [sic] numerosos libros durante su vida, la mayoría de ellos relacionados con la Segunda República, la Guerra Civil española y el franquismo. Sus últimos libros fueron Los años mentidos: falsificaciones de historia de España en el siglo XXLa Infiltración. La infiltración marxista y masónica en la Iglesia católica del siglo XX, 113.178 Caídos por Dios y por España, Prieto, el cerco de la Fe y Mártires de Paracuellos. Sus tesis han sido reivindicadas por revisionistas históricos en los últimos años, como Pío Moa.

No podéis verme reír aquí, a solas, frente a la pantalla del ordenador. ¡Qué tíos!

Y por esto no se pueden tener cosas bonitas.

A pesar de todas sus victorias en las fronteras, Nicéforo había perdido el favor de la población y de los burócratas de Constantinopla, que el emperador sólo visitaba ocasionalmente. La hambruna persistía y algunos personajes poderosos se sentían abandonados por su emperador, entre ellos la emperatriz Teófano y el doméstico de Oriente Juan Tzimisces. La emperatriz y el general urdieron una inteligente conspiración para eliminar a Nicéforo, casarse y reinar junto  a los hijos de la emperatriz. A finales del año 969, Tzimisces y algunos partidarios asesinaron al emperador mientras éste dormía en palacio.

Éste fue probablemente el asesinato menos justificable de un emperador en toda la historia bizantina hasta la fecha. No obstante, después de que Juan destituyese a algunos de los seguidores de Nicéforo, casi nadie en la capital puso objeciones al crimen. El patriarca Polieucto, que había criticado el matrimonio de Nicéforo y su legislación sobre las tierras de la Iglesia, aceptó coronar a Juan a condición de que donase sus propiedades personajes a los necesitados, castigase a sus cómplices y exiliara a Teófano. Juan aceptó; ejecutó a dos de sus amigos, envió a Teófano a un convento y fue coronado emperador.

Breve historia de Bizancio, Warren Treadgold.