Según lo describe David Cole (de quien no diré nada sin la presencia de mi abogado y de una cláusula de exención de responsabilidades, que cada palo aguante su vela), uno pensaría que el conflicto situado en el corazón de Los amigos de Abe —una especie de camarilla formada por profesionales conservadores y libertarios de la industria del cine estadounidense—, es la misma pieza pendenciera que chirría en cualquier movimiento de derechas formado por más de tres personas. Me viene a la cabeza Cristina Cifuentes, cuyo nombre destelló con una llamarada de azufre durante el congreso del PP de 2012 en Sevilla a cuenta de la inclusión, a la que ella se oponía, de una alusión a los fundamentos cristianos del partido en su documento constituyente. Es sólo un botón de muestra. En todo caso, escribe Cole:

Another reason: “faith-based films,” a fairly dependable genre, weren’t in play for Abe consideration. There were too many atheist libertarians and secular (okay, atheist) Jews in the mix, who privately viewed their cross-wearing and churchgoing fellow Abes as irrational Neanderthals. There was a truce between the pro-religion and anti-religion Abes, but that armistice only survived because no one ever put it to the test.

Viene de Ignorance among Hollywood conservatives.

Estoy releyendo Heaven and Mel, crónica de los encuentros y desencuentros de Joe Eszterhas y Mel Gibson a cuenta de una película llamada a ser el «Braveheart judío» que se quedó en nada en mitad del olor a pólvora y azufre de uno de esos inofensivos y un tanto escabrosos escándalos de Hollywood. Querría escribir algunos comentarios sobre el libro cuando lo termine; entretanto hay un párrafo que ha captado mi atención no por lo que dice sino por el contexto en el que lo he leído, cuando, para sorpresa de todos, la libertad religiosa en Estados Unidos está siendo asaltada por una izquierda vesánica y embriagada de éxito dispuesta a no dejar nada a su paso. Me refiero a ese espantoso asunto de la pizzería de Indiana, etc.

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