My old adversary Stephen Fry (he calls  me a ‘slug’) has been attacking God on TV, calling the Ancient of Days ‘capricious, mean-minded’, ‘selfish’ and  ‘a maniac’.

Obviously Mr Fry, left, gets to meet God quite a lot, being so important and all, but it would be good if someone could get the Almighty to let us know what He thinks of Mr Fry.

Nunca he entendido muy bien por qué acusan al gran Peter Hitchens de carecer de sentido del humor, salvo que sí lo entiendo, claro; es la misma historia de siempre, que se repite.

Vía.

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No sé muy bien qué relación guarda la portada con el contenido de la novela, francamente, a no ser por el detalle obvio. Pero el «detalle obvio» es tan lírico en El auriga que muy bien podría Mary Renault haber escrito un relato sobre ángeles convalecientes de un conflicto olímpico. Resulta curioso que algunas frases pronunciadas por Ralph en su encuentro con Alec, Sandy y Laurie (¡Spud!) me hicieron pensar en unas cartas escritas por C.S. Lewis a propósito del mismo asunto.

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Mary Renault en Amazon.es y en Casa del Libro.

Mr. Tsipras’ speech after his election did not fill me with confidence. First he said that there were no winners or losers. In his very next sentence he then said that the oligarchs had been defeated. These two statements seem to me to be contradictory. How are we to resolve this contradiction? I think in one of three ways. First, it was a slip of the tongue such as we all sometimes make. Second, it was a symptom of lack of intellectual power, an inability to see the contradiction. Or, third, there was a group of people who in Mr. Tsipras’ mind could be relegated to the status of nonpersons. I cannot say which of these three it was; but it is possible that in the not-distant future in Greece, and perhaps elsewhere in Europe, the class of nonpersons will expand dramatically. Let us hope that this will not come to pass.

Pero, Theodore, el grupo de las no-personas ya existe. Hace tiempo que lo crearon. Ahora tan sólo debemos reconsiderar su definición, extender el círculo de sus miembros.

De The Despots of Democracy.

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Actualizado:

Lo escribí pensando en otros, más dulcemente, pero, leyendo la columna Monedero y el amor (qué tierno es todo) de Santiago González, caí en la cuenta de que no sólo en Grecia han emprendido la huida hacia adelante en que consiste la redefinición de la materia que nos hace humanos (o no-humanos), sino que también en España nos entregamos a idénticas consideraciones metafísicas (por emborronar un poco esta palabra tan hermosa); escribe el gran González:

Los ciudadanos se dividen en dos clases en la parla de podemos: casta y gente, lo que convierte el calificativo en redundante.

No, no, no los ciudadanos. Los humanos. La casta, como los miembros de la casta, es una cosa.