Adiós, 2013. Hola, 2014.

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Año que se va, nuevo fracaso a mi espalda. ¡Feliz Año Nuevo! Lo despediré escuchando The Doors. Y adiós, muy buenas. No dejes que la puerta te golpee el culo al salir.

P.D.: Todo indica que 2014 será peor, pero estoy abierto a sorpresas.

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Editado: esto… creo que lo despediré en compañía de Bud & Travis. Cosas más extrañas se han visto.

Tom Wolfe es un tipo despiadado, pero eso ya lo sabíamos. Conviene no dejarse engañar por su encanto sureño, porque detrás de esa figura larguirucha y torcida se esconde, bueno, ¡la bruja, la bruja mala del cuento! ¡Tom Wolfe lo ve todo!

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De Nueva York dice:

¡Aquella ciudad gris rata tan espantosa se convertía de pronto en una ciudad maravillosa, cálida!

En el contexto en el que fue escrita esta frase te hace retorcerte en el suelo, sacudido por las carcajadas. Posiblemente tenga mucho de cierto eso que dicen de que Wolfe es un escritor de grandes paisajes humanos y no de personajes, de panoramas y no de interioridades, pero, en lo concerniente a la posición de cada uno en el orden social, Wolfe es único. Si no ve lo que otros ven, sabe el cielo que ve lo que otros no ven.

Pese a la oleada de vítores y lágrimas iniciada en Washington, ninguno de ellos sabía qué podría pasar en Nueva York. Como casi todos los militares, incluidos los del astillero de la Marina de Brooklyn, en realidad no consideraban a Nueva York parte de Estados Unidos. Era como un puerto libre, una ciudad sin Estado, un protectorado internacional, Danzig en el pasillo polaco, Beirut la encrucijada de Oriente Medio, Trieste, Zúrich, Macao, Hong Kong. Los ideales de los militares no se correspondían con los de la ciudad de Nueva York. Era una ciudad extranjera poblada por una raza extraña de gentes grises y deformes y extrañamente pequeñas, y etc., etc.

A Houston y sus inseguridades sociales el malvado Tom los destripa así:

El 4 de julio no era el momento del año para que lo llevasen a uno a Houston, Tejas, aunque sería difícil decir cuál podría ser el  momento adecuado. Houston era durante ocho meses un sumidero de vahos increíblemente tórridos con una masa de asfalto blanco llamada el Centro en el medio. Luego, durante dos meses, a partir de noviembre, bajaban barriendo del Canadá los vientos más sobrecogedores, como por una tubería, y el torpor húmedo de convertía en frío húmedo. Los dos meses restantes eran los moderados, aunque no exactamente lo que se podría llamar primavera. Las nubes cerraban el cielo como una tapa,  las refinerías de petróleo de la  Bahía de Galveston saturaban el aire, la nariz, los pulmones, el corazón y el alma con el aroma gaseoso del hedor del petróleo. Por todas partes había bahías, lagos, lagunas y estuarios pantanosos, tan grasientos y  tóxicos todos ellos que si yendo en una barca de remos dejabas la mano en el agua, la perdías. Los pescadores solían decir muy complacidos a los domingueros: «No fumen ahí fuera porque incendiarán la bahía…» Allí tenían su residencia todas las culebras venenosas conocidas en Norteamérica: cascabel, víboras, mocasín de agua, corales.

[…] Los muchachos y sus esposas empezaron a darse cuenta de que aquella gente, los hombres de negocios y los políticos, consideraban la inauguración del Centro de Vuelos Espaciales Tripulados y la llegada de los astronautas como una de las cosas más importantes de la historia de Houston. Todas las tiendas y almacenes de categoría, los grandes  bancos y museos y otras grandes instituciones, toda la clase alta, toda la Cultura, todo estaba en Dallas. Para Houston, Dallas era París, en cuanto ponías el reloj según el horario americano; Houston sólo era petróleo y gentes que te estrujaban la mano al estrechártela. El programa espacial y los siete astronautas del Mercury darían respetabilidad a una ciudad de nuevos ricos, legitimarían una parte del alma norteamericana. Por eso, el gran desfile se abría con el congresista Albert Thomas que agitaba su sombrero para indicar el inicio de la redención de Houston.

Todo lo cual sale de Lo que hay que tener.

Wojciech Kilar (1932-2013)

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Drácula de Bram Stoker apareció durante años en los primeros puestos de las listas de mis películas favoritas que elaboraba cada vez que me sacaba un perfil en una red social: aquí tus libros predilectos, etc. Hasta qué punto contribuyó a mi opinión la banda sonora de Wojciech Kilar es cosa que no sé; recuerdo que compré el CD durante mi primer año de estudiante en Sevilla, en Alcampo, donde lo encontré sumergido en una de esas desordenadas montañas de discos a precio de saldo que los centros comerciales colocan a mitad de pasillo para desembarazarse del material que ya ha conocido sus mejores días. (Por aquel entonces yo ocupaba una habitación en un piso de estudiantes situado cerca del barrio de las Tres Mil Viviendas. Si tus intereses iban por ahí, podías dedicar las horas muertas a contemplar el tropel que fluía en dirección a aquel paraíso de extrarradio de flamenco callejero, contenedores incendiados y niños en ropa interior jugando en medio de la calzada. Un residente de las 3000 fue muy considerado conmigo una vez al confesarme, mientras consultaba yo el mapa de autobuses urbanos en una marquesina, que no sabía si decirme a qué hora pasaba el autobús o si darme una hostia. No hizo ni lo uno ni lo otro. Era una desapacible tarde de invierno y el ambiente general, con el cielo pintado de gris y las calles cubiertas de lluvia, resultaba de lo más deprimente; yo volví a mi piso y me figuro que el pobre diablo se refugió en su nido de cucarachas.)

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Me parece que en total compré en Alcampo dos cedés, ambos bandas sonoras: el ejemplar de Drácula lo conservo; el otro era Twin Peaks de Angelo Badalamenti. Con el tiempo me he convertido en todo un fan de Twin Peaks; de hecho, desde que la repusieron en Cuatro cuando el canal de PRISA comenzó sus emisiones. La pasaban los domingos por la noche, ya tarde, y cuando terminó, ¡empezaron a reponerla de nuevo! ¡Y yo a verla! Luego me compré los DVD en la edición en caja dorada.

Ironías de la vida, estos últimos días he estado escuchando varias piezas de Kilar en YouTube e incluso tenía intención de pedir en Amazon algún CD nuevo. Dracula (Bram Stocker), Missa Pro Pace, Krzesany/Angelus/Exodus/Victor y Bogurodzica figuran en mi lista de deseos. Hasta entonces, pondré Dracula en memoria del gran Wojciech Kilar.

«Polls Confirm that Pope Francis Is Really, Really Popular»

Informa Relevant Magazine. Pero la última vez que pensé en ello no se trataba de un concurso de popularidad, y sospecho que hoy sigue siendo igual de cierto que la misión del Papa no consiste en suscitar la simpatía de las masas dirigiéndole los mensajes tibios y bienintencionados que la sociedad moderna está habituada a escuchar, sino, por el contrario, en sacarla del estupor azucarado, como de digestión pesada, en que lo que una vez fue el Occidente cristiano se ha sumido durante las últimas décadas.

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La realidad es que no hay mucho de simpatía ni de complacencia en el mensaje del Evangelio, por lo menos si lo comparamos con las convicciones dominantes del mundo moderno. (Las «convicciones dominantes» de la élite, se entiende, no las del común de los mortales, porque si confrontásemos las inclinaciones morales del «pueblo llano» con la de los creadores de opinión nos llevaríamos una explosiva sorpresa.) No digo que haya nada de malo en la popularidad del Papa; lo que digo es que hay algo terrible en las causas de la popularidad del Papa. El mensaje de Jesucristo —el original, el que está escrito en papel, no las aguadas interpretaciones que los ateos que nunca han leído la Biblia publican en Twitter de acuerdo con su educación de Barrio Sésamo— no tuvo nada de complaciente.duck-dynasty-phil-robertson2 Y si ese penoso episodio de Duck Dynasty que ha ocurrido en Estados Unidos, protagonizado por un patriarca familiar famoso en televisión que ha condenado la homosexualidad y, de hecho, todos los pecados de naturaleza sexual, de acuerdo con los preceptos de la Biblia, y a continuación ese patriarca ha sido escupido de su propio programa de televisión después de que una asociación de derechos de los homosexuales —de los homosexuales miembros, no de los homosexuales en general, que seguramente son mayoritariamente cristianos— se haya quejado y exigido una reparación, como si dijéramos… en fin, lo más grotesco de todo ocurrió cuando el portavoz de la asociación se apresuró a adueñarse de la sana doctrina cristiana al afirmar que «Phil and his family claim to be Christian, but Phil’s lies about an entire community fly in the face of what true Christians believe», realmente Phil refleja bastante mejor el cristianismo que el tal Wilson Cruz, bueno, todo esto es ridículo, ha ocurrido nada menos que en Estados Unidos, demonios, y la lección nos enseña que todo ha cambiado, cambiado del todo, y no ha nacido una terrible belleza.

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Mensaje de Navidad de Mike Oldfield: disco instrumental para 2014

First of all a very Happy Christmas to everybody ! I have finally got half my new equipment working and I do now believe I have the tools to tackle a new long instrumental piece of music. The Ultra high definition 4 K screen makes all the difference as I can now see almost all the necessary information in one glance and the Pro Tools HDX cards are superb and easily can handle all the work. I just had to wait until 2013/2014 ! And just have to wait for my new Mac Pro coming in February. So watch out for something wonderful in 2014 !!!! Love from Mike

P.S. I just ordered a new Manson guitar which is on it’s way here.
This is the one : http://www.andymanson.com/heron/

Además de Man on the Rocks, se entiende. Que veremos a ver, muchachos, veremos a ver.(Vía.)

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Visión panorámica…

John Glenn, como buen presbiteriano, sabía que rezar en público no constituía ninguna infracción de las normas de la fe. Su credo lo alentaba incluso: era un ejemplo saludable para el público. Y John Glenn no se sentía en absoluto incómodo por el hecho de que en la Norteamérica de después de la Segunda Guerra Mundial1 la virtud fuera algo pasado de moda. A veces, parecía disfrutar sorprendiendo a la gente con su limpia conducta. Incluso cuando no contaba más de nueve años de edad, era el tipo de muchacho que interrumpía un partido de fútbol para leer la ley antidisturbios a cualquier otro muchacho de nueve años que gritara «maldita sea» o «mierda» porque el partido no iba bien. Esta era una actitud insólita incluso en el lugar donde se crió, en New Concord, Ohio; aunque allí no resultaba tan extraordinaria como podría haberlo resultado en muchísimos otros sitios. New Concord era un tipo de pueblo, en otros tiempos muy frecuente en Norteamérica, cuyos peculiares orígenes habían tendido a desaparecer en la amnesia colectiva cuando tout le monde empezó a querer parecer urbano2. Es decir, el pueblo empezó siendo una comunidad religiosa. Cien años atrás, cualquier habitante de New Concord con ambiciones que llegase tan alto como para ser propietario de una tienda de ultramarinos o más aún, ingresaba en la iglesia presbiteriana; y cuando Glenn estaba creciendo, en los años veinte y en los años treinta, aún persistía en parte este sobrecogedor voltaje de presbiterianismo vivo. Su padre era bombero de la compañía de ferrocarriles y hombre muy religioso, y su madre, una ama de casa muy trabajadora y también muy de iglesia, y Glenn asistía a la escuela dominical y a las funciones eclesiásticas y aguantó centenares de interminables oraciones presbiterianas, y la iglesia y la fe y la vida pura le iban muy bien. No había la menor contradicción entre el credo presbiteriano y la ambición, incluso la ambición desbocada, incluso una ambición lo bastante grande para satisfacer el ego invisible del jinete de caza. Un buen presbiteriano mostraba su elección del bando del Señor y de las huestes celestiales mediante su éxito en este mundo. El presbiterianismo estaba hecho a medida, en cierto modo, para la gente que intentaba triunfar en esta vida, además de en las llanuras del cielo; lo cual era una buena cosa, porque John Glenn, con su alegre cara redondeada y pecosa de muchacho de campo, era tan ambicioso como cualquier otro piloto que hubiese arrastrado su feliz carga de amor propio pirámide arriba.

Tom Wolfe, Lo que hay que tener.

Un logro prodigioso del paganismo.

2 Hoy día, por el contrario, el esnobismo consiste en adoptar una especie de idealización pastoril muy parecida a un decorado de televisión. («Pastoril» en el sentido de sofá de quince mil euros que proporcionará un toque acogedor a la vez que moderno y sofisticado a la sala de estar de su casa de fin de semana.)

adoracion

“To you is born this day in the city of David a Saviour, who is Christ the Lord. And this will be a sign for you: you will find a babe wrapped in swaddling clothes and lying in a manger” (Lk 2:11-12). Nothing miraculous, nothing extraordinary, nothing magnificent is given to the shepherds as a sign. […]

God’s sign is simplicity. God’s sign is the baby. God’s sign is that he makes himself small for us. This is how he reigns. He does not come with power and outward splendour. He comes as a baby – defenceless and in need of our help. He does not want to overwhelm us with his strength. He takes away our fear of his greatness. He asks for our love: so he makes himself a child. He wants nothing other from us than our love, through which we spontaneously learn to enter into his feelings, his thoughts and his will – we learn to live with him and to practise with him that humility of renunciation that belongs to the very essence of love. God made himself small so that we could understand him, welcome him, and love him.”

Benedicto XVI. (Vía.)