Primeras impresiones de Campbell sobre Bloomsbury…

A su vuelta de una tumultuosa estancia en Sudáfrica, el poeta Roy Campbell, cuya magnífica biografía, escrita por Joseph Pearce, estoy leyendo estos días —Bloomsbury and Beyond, The friends and enemies of Roy Campbell, publicada en español bajo el título Roy Campbell: España salvó mi alma—, entabló amistad con algunos miembros del célebre y más bien infame círculo de Bloomsbury. La cosa no terminó bien, pero eso —incluyendo las truculentas causas del desafecto— lo dejaré para otro día. De momento sólo quiero reproducir la percepción que del grupo tenían tanto el propio Campbell como su esposa, Mary. Escribía ella lo siguiente:

When I was talking to Harold… Vita [Sackville-West] Nicolson appeared and in her wake, Virginia Woolf, Richard Aldington and Leonard Woolf. They looked to me rather like intellectual Wolves in sheep’s clothing. Virginia’s hand felt like the claw of a hawk. She has black eyes, light hair and very pale face. He [Leonard] is weary and slightly distinguished. They are not very human.

Mientras que Campbell les dedicaba los siguientes versos:

Of all the clever people round me here

I most delight in Me —

Mine is the only voice I care to hear,

And mine the only face I like to see.

Escribiré algunos comentarios sobre el libro cuando haya terminado de leerlo.

Qué interesante idea…

Actually I prefer to see myself as the Janus, the two-faced god who is half Pollyanna and half Cassandra, warning of the future and perhaps living too much in the past—a combination of both.

El caso es que me resulta muy familiar.

Por cierto que la frase la pronuncia Ray Bradbury durante una entrevista con The Paris Review mientras examina su relación —no muy amable, ya que estamos— con algunos escritores de los llamados «serios», entre ellos Norman Mailer y Kurt Vonnegut.

Odio a los impostores, pícaros, embusteros y soberbios y a toda la raza de los malvados, que son innumerables, como sabes… Pero conozco también a la perfección el arte contrario a éste, o sea, el que tiene por móvil el amor: amo la belleza, la verdad, la sencillez y cuanto merece ser amado. Sin embargo, hacia muy pocos debo poner en práctica tal arte, mientras que debo ejercer para con muchos el opuesto. Corro así el riesgo de ir olvidando uno por falta de ejercicio y de ir conociendo demasiado bien el otro.

¡Je! Luciano de Samosata.