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Anteayer mencioné mi intención de devolver el frasco de Havana by Aramis que compré el viernes pasado en Amazon; muy celebrada en los principales portales dedicados a la perfumería, resultó poseer un carácter muy distinto de lo que las reseñas que había leído me habían hecho pensar. Lo compré a ciegas por poco más de veintisiete euros. Amazon tiene un sistema de devoluciones generoso y muy eficiente que permite realizar la operación íntegramente a través de internet pagando con tarjeta los gastos de envío, si corresponde, y depositando el paquete en Correos o entregándolo a una agencia de mensajería. Sin embargo, esta vez fui informado de que debía tramitar el envío personalmente con una agencia de mi elección. La expedición certificada mediante Correos me salió por cuatro con sesenta.

Por cierto que acabo de caer en la cuenta de que escribo «devolver» donde debo poner «cambiar», porque en realidad eso fue lo que hice, sustituir el frasco de Havana por uno de CK One Shock de Calvin Klein, sobre el que también tenía referencias muy favorables.

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Mi primera impresión fue de disgusto, frustración y desdicha. Uno siempre asume este riesgo al comprar un perfume a ciegas, pero, en mi caso, no hay muchas opciones. Ahora son casi las doce de la noche y con los ánimos apaciguados, empiezo a imaginar situaciones en las que resultaría apropiado rociarme con este jugo radioactivo.

En la primera fotografía CK One Shock aparece en compañía de Potion de Dsquared2 a guisa comparativa. También compré Potion a ciegas, pero esta vez sí, a él lo considero un magnífico descubrimiento, incluso si la proyección y la longevidad son bastante más modestas de lo que desearía. Lo cual resulta sorprendente si consideramos que se trata de un eau de parfum. En todo caso, fue una sorpresa maravillosa. Pagué algo menos de diecisiete euros por 30ml en Amazon.

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Jueves 14, 13:29: Qué extraño, puede que One Shock esté empezando a calar. ¿Extraño, digo? La realidad es que raramente los perfumes me causan una buena primera impresión. Me pregunto por qué me apresuro a juzgarlos tan duramente.

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El perfume Cuba Gold es, digámoslo así, un homenaje a Le Male de Jean Paul Gaultier en la medida en que la palabra «homenaje» escrita en cursivas despierta sospechas de copia y clonación. De eso se trata, en cualquier caso. Al original lo conocí hace poco menos de quince años, cuando solía utilizarlo uno de mis compañeros de piso durante mi época de estudiante universitario. Había sido regalo de su novia; me parece recordar destellos de orgullo en su voz cuando me informó de este detalle. Mi nariz era lo bastante inexperta —una excusa llena de inseguridad y vergüenza— para dejarse embaucar por un perfume cuyo frasco dice todo lo que hay que saber sobre su contenido.

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Esta mañana he recibido un paquete procedente de la República Checa con Cuba Gold y Cuba Prestige, ninguno de las cuales existiría, hasta donde puedo saberlo, de no ser porque ciertos lugares en la industria del perfume fueron ocupados previamente por dos emblemas de la perfumería post-masculina: Prestige es a A*Men de Thierry Mugler lo que Gold es a Le Male de JPG. Superada la explosión primordial de frutas fermentadas y flores podridas, por utilizar una hipérbole muy del gusto del mercadeo de las fragancias, Gold es todo lo que recuerdo de Le Male, dulzura, pesadez y una obstinación que se volvería insolente de no resultar tan lánguida. Prestige, por el contrario, no es más que la postrera golosina que le ofrecen a uno cuando se encuentra a punto de vomitar por indigestión. Desearía saber en qué estaba pensando: la respuesta a esa pregunta no resolvería tanto un misterio menor como me ayudaría a evitar cometer en un futuro este mismo error.

Todo lo cual, dicho sea como advertencia de mis contradicciones, no significa que no me proponga utilizar alguno de estos perfumes de vez en cuando, aunque sólo sea para amortizar el gasto, que en conjunto, y esto incluye cuatro euros en concepto de gastos de envío, sumó algo así como veinte con cincuenta.

—No, creo que va mejorando un poco [Roma]. Ya miramos atrás a los tiempos de la persecución como si hubiera sido una era heroica, pero, ¿ha pensado alguna vez en cuán poquísimos fueron los mártires, en comparación con los muchos que debieron haber sido? La Iglesia no es un culto sólo para unos cuantos héroes. Es la redención de toda la humanidad caída. Naturalmente, en este momento vienen a nosotros muchas personas turbias, nada más que para ponerse al lado del ganador.

Evelyn Waugh, Elena.

Se trata de una nueva clase de antibióticos que se produce a partir de una bacteria,Staphylococcus lugdunensis, y que tiene una potente actividad antimicrobiana frente a las bacterias Gram-positivas, entre las que se encuentra MRSA, y además parece ser que no produce resistencias en Staphylococcus aureus, por lo que puede convertirse en una buena opción para tratar estas infecciones.

Tengo algunos recuerdos, no muy felices, del Staphylococcus lugdunensis. Por fortuna todo salió bien. Desde entonces han pasado cinco años.

Origen.

Weaver acknowledged at the beginning of Ideas that lamentation about “the decadence of a present age is one of the permanent illusions of mankind.” But that was a pro forma rider. At the center of his analysis was the insistence that modern man, “like Macbeth,” had made an evil decision to trade allegiance to transcendent principles for present gain. From this Faustian bargain all manner of bad things flow. Weaver warns about “the insolence of material success,” the “technification of the world,” the obliteration of distinctions that make living “strenuously, or romantically” possible. “Presentism,” the effort to begin each day, as Allen Tate put it, as if there were no yesterday, has robbed man of his history and therefore his identity as a moral agent. Weaver is particularly harsh on what he regards as the tepid ambitions of the middle class: “loving comfort, risking little, terrified by the thought of change, its aim is to establish a materialistic civilization which will banish threats to its complacency.”

Me doy cuenta de que Las ideas tienen consecuencias, de Richard Weaver, ha sido descatalogado recientemente, si bien sigue disponible en formato electrónico; vendí mi Kindle, al que nunca saqué el menor partido y del que abominé casi tan rápido como lo compré, hace cosa de dos meses a través de eBay. No lo echo de menos. En fin, siempre cabe la posibilidad de encontrar un ejemplar en el mercado de segunda mano:

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Vía The consequences of Richard Weaver.

All the East is Moving

The assumption that the conflict between medieval Christendom and its Arab and Turkish adversaries was merely an expression of inveterate European racism, rather than what it truly was—a desperate, see-sawing struggle for survival—was enshrined as a new orthodoxy.

Tengo costumbre de escribir con mayúsculas las iniciales de las dos últimas palabras. Y también de emplear el artículo determinado para referirme a la Nueva Ortodoxia™, aunque sólo sea con el fin de mostrar mis respetos al monstruo desencadenado. Dicho de otro modo, observo cierta conveniencia en el hecho de familiarizarme con el ente conjurado, ya me entendéis.

Sigue el resto del párrafo:

Elites who had once delighted in proclaiming the supremacy of their own culture now pat themselves on the back for scorning it. A continent that had come to pride itself on transcending history had no wish to dwell on the more embarrassing aspects of its own past. In 2003, when the first draft of a putative E.U. constitution was drawn up, its authors were happy to acknowledge Europe’s debt to ancient Greece and Rome, and to salute the achievements of the Enlightenment—but of the Christian roots of European civilization not a mention was made. The implication was obvious: Everything between Marcus Aurelius and Voltaire ranked as backwardness and superstition. Europe’s values had to be reckoned not sectarian, but universal—or they were nothing.

http://www.firstthings.com/article/2016/08/all-the-east-is-moving